Cuatro ciudades que suelen quedar fuera de las rutas más típicas, pero que guardan algunos de los rincones más interesantes de Marruecos.
Capital administrativa de Marruecos desde el Protectorado francés, Rabat tiene un ambiente mucho más ordenado y tranquilo que Marrakech o Fez. Sus imprescindibles son la Torre Hasán (un minarete inacabado del siglo XII), el Mausoleo de Mohammed V junto a ella, y la Kasbah de los Oudayas, un barrio amurallado de casas azules y blancas con vistas al océano. Puedes ver más detalles sobre su papel histórico en nuestra guía de ciudades imperiales de Marruecos.
La ciudad más grande y poblada del país es, ante todo, un centro económico y de negocios, con menos atractivo turístico tradicional que otras ciudades marroquíes. Aun así, la Mezquita Hassan II -una de las más grandes del mundo, con un minarete de más de 200 metros junto al mar- es un monumento que justifica por sí solo una parada de medio día. El paseo marítimo de la Corniche y el barrio de art déco del centro completan una visita corta. Puedes ver si te conviene entrar o salir por su aeropuerto en nuestra guía de volar a Casablanca o Marrakech.
De las cuatro, Meknes es la menos visitada por los turistas, a pesar de un patrimonio monumental impresionante como antigua capital del sultán Moulay Ismail. Sus imprescindibles incluyen la puerta de Bab Mansour, una de las más bellas del país, las antiguas caballerizas reales (Heri es-Souani), y una medina Patrimonio de la Humanidad mucho más tranquila que la de Fez. Está además a un paso de las ruinas romanas de Volubilis, uno de los yacimientos mejor conservados del norte de África, lo que la convierte en una combinación perfecta para medio día.
Declarada Patrimonio de la Humanidad, la medina de Tetuán conserva un fuerte carácter andalusí, heredado de los moriscos que se establecieron allí tras la expulsión de España. Sus calles blancas, la Plaza Hassan II y el zoco tradicional forman un conjunto muy distinto al resto de medinas del país. Al estar cerca de Tánger, suele visitarse como parada dentro de una ruta por el norte; puedes ver cómo encaja en un recorrido más amplio en nuestra guía de ruta por el norte de Marruecos, o como excursión de un día desde España en Tánger y Tetuán en un día desde España.
No suele ser habitual visitar las cuatro juntas, pero encajan bien en rutas más amplias: Rabat y Meknes aparecen con frecuencia en itinerarios por las ciudades imperiales junto a Fez y Marrakech, como en nuestro tour de 5 días Marrakech a Fez; Tetuán se combina con Tánger y Chefchaouen en una ruta por el norte; y Casablanca funciona sobre todo como puerta de entrada o salida al país, con una parada de medio día antes de continuar viaje.
Rabat, Casablanca, Meknes y Tetuán no suelen ser el destino principal de un viaje a Marruecos, pero cada una aporta algo distinto: la tranquilidad institucional de Rabat, la monumentalidad de la Mezquita Hassan II en Casablanca, el patrimonio histórico poco masificado de Meknes, y el carácter andalusí único de Tetuán. Si tu ruta pasa cerca de alguna, merece la pena parar unas horas.
Casablanca es sobre todo una ciudad de negocios, con menos atractivo turístico que Marrakech o Fez, pero la Mezquita Hassan II, una de las más grandes del mundo, sí justifica una parada de medio día, especialmente si tu vuelo llega o sale desde allí.
Sí, Rabat, Casablanca, Meknes y Tetuán están relativamente cerca entre sí en el norte y centro del país, aunque no suelen combinarse las cuatro en rutas cortas. Es más habitual incluir dos o tres de ellas dentro de una ruta más amplia por el norte o las ciudades imperiales.
Depende del interés: Rabat para una capital tranquila junto al mar, Meknes para patrimonio histórico sin aglomeraciones, y Tetuán para una medina andalusí declarada Patrimonio de la Humanidad. Casablanca destaca sobre todo por la Mezquita Hassan II.